Si debes, pues, amarme, que no sea por nada
más que por puro amor. No debes decir nunca:
"La amo por su sonrisa, o por esa agudeza
que tan bien concordó con la mía y me trajo
tan placentero agrado cierto día".
Pues, solas, estas cosas pueden, amado mío,
cambiar en tu concepto y, con el cambio, cambie
amor que así nació. No me quieras tampoco
por tu tierna piedad que seca mis mejillas:
¡Quién gustó tus ternuras puede perder sus lágrimas
y con ellas, acaso, pierda también tu amor!
Ámame por amor tan solo del amor
y tenga así tu amor de amor la eternidad.